La alegría de saberse escuchado

Estábamos en la cocina. Él en los brazos de mi madre. Ella intentando adivinar de qué iba. Y caí en la cuenta. “Mama, una vaca. Te está hablando de una vaca. Busca un paquete de leche, que sale una vaca.”

Y sucedió.

Se giró hacia mi y me miró, radiante. Su cara lo decía todo. Una sonrisa grande, el tintineo en los ojos, ese suspiro que llena los pulmones profundamente. La viva, y preciosa, imagen de la alegría de saberse escuchado.

 

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