Haciendo algo distinto

Haciendo algo distinto

El otro día, como toca por estas fechas, pasé una mañana en Hacienda. Ese día no estaban a reventar de trabajo como otras veces y la funcionaria que me atendió se interesó por mi actividad.

Una vez me dijeron que es esencial escuchar el primer y segundo comentario que te hacen justo después de explicar lo que haces. Estas primeras frases te dan una idea de lo que tu interlocutor ha entendido y, por tanto, si tu explicación es comprensible. Cuando te preguntan qué haces tienes muy poco tiempo. En un momento tienes que resumir la esencia y la persona que escucha construye una imagen a partir de su propia experiencia en el tema.

Después de mi breve explicación (“Los niños, antes de empezar a hablar, pueden decirte cosas con las manos como por ejemplo que han visto un avión (signo), que les cantes (signo) la canción de la estrellita (signo) o que quieren agua (signo). Nosotros animamos a las familias a hacerlo en lengua de signos, que es la que usa la comunidad sorda aquí “) la funcionaria me dijo:

– “O sea, que animáis a los padres a hacer lo contrario de lo que se ha dicho siempre.” – me dijo con una sonrisa- “Porque en mi época, si los niños se hacían entender señalando o haciendo un gesto concreto te decían que no le hicieras caso, que si no no hablarían”.

La seguí escuchando.

– “Tiene toda la lógica del mundo esto de los signos. Al fin y al cabo la lengua de signos no deja de ser un idioma como cualquier otro. ”

Nos entendimos a la perfección, ese día a Hacienda. Porque sí animamos a hacer algo distinto.

Por tradición, muchas personas y profesionales están aterrados de que los signos y los gestos inhiban el habla. Y eso ya se sabe y se ha comprobado que es totalmente falso. Las personas, las grandes y las pequeñas, buscan la manera de expresarse y hacerse entender. Si me voy de viaje a Vietman nadie pensará que por intentar hacerme entender con mímica dejaré de hablar. Cuando la lengua oral es la lengua natural de alguien, que oye bien, signar no atrasa el habla, simplemente permite la comunicación mientras el habla llega. Las familias de niños oyentes que signan saben que el interés de los niños por el habla es muy alto. Cuando los pequeños creen que ya hablan suelen dejar los signos, para desagrado de muchas familias, que pasan de entenderse a hacerlo de forma algo menos clara, ya que el habla al principio no suele ser muy comprensible.

Pero hay un segundo tema que la funcionaria conocía bien: la lengua de signos es un idioma como cualquier otro. Un niño sordo antes del implante coclear, si esta es la opción, o durante la adaptación al implante coclear, necesita de una lengua y esta es la lengua de signos. ¿Cuál si no? Si el implante coclear funciona, no hay que sufrir porque es equiparable a un niño oyente. Pero si no oye totalmente bien, mientras se hacen los esfuerzos que la familia considere convenientes, la lengua de signos proporciona la base que cualquier ser humano necesita para desarrollarse. Mientras que las familias oyentes podemos permitirnos el lujo de hacer signos aislados, para las familias con niños sordos es importante signar la lengua completa, respetando su estructura y complejidad. Porque, como decía la funcionaria, es un idioma como cualquier otro.

Con visitas así a Hacienda una volvería cada día: P