Gorilidad

Gorilidad

Con nuestra primera hija me sorprendí siendo una madre asocial y rancia, que no quiso recibir visitas y que ni de broma dejaba que la pequeña pasara de brazo en brazo. Los únicos brazos que permitía eran los de su padre, que los conozco bien y sé a ciencia cierta que saben ofrecer consuelo y fortaleza. Era como un ataque, una furia interna, un calor que sólo se reconfortaba con la proximidad de mi pequeña en el pecho. No tenía nada que ver con el amor sino con la prisa y necesidad de sentirla respirar cerca.

Había oído muchas críticas a este tipo de madres que la gente llama posesivas o sobreprotectoras. Me llegó el turno a mí. Y se ve que mi entorno se sorprendió, porque mi primer embarazo fue discreto en emociones de cara al público. Incluso un poco desprendido. Mi abuelita me dijo que en algún momento le había parecido que no la iba a querer. Así que, dado que socialmente no me sentía especialmente comprendida, a excepción de mi marido, encontré acompañamiento en dos espacios. En primer lugar, en la blogosfera de madres y padres porteadores, con redcanguro.org al frente, un mundo que desconocía pero con el que conectamos enseguida. En segundo lugar, pero no menos importante, en los documentales de primates diversos, que resulta que no dejan que sus crías toquen tierra ni dejan que duerman solas ni nada por el estilo.

Nuestra pequeña bajó de nuestros brazos para ponerse a caminar, se puede decir, pasados los 9 meses. Estaba en proceso de bajar cuando leí la noticia del nacimiento de un gorila en un zoológico alemán. Sentí una gran empatía con mi colega que, incluso privada de libertad, no había permitido a los guardas saber de qué sexo era su cría- ¡qué motivo más imbécil para separarlas! -cuando ya hacía una semana que había nacido. No la dejaba ni de día ni de noche. Aquí os dejo algunas fotos.

Ahora ya lo noto, ya siento que vuelve y me llega, este ataque de gorilidad.

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