Mía como teta (sin leche). Amamantar durante un embarazo de gemelos.

Mía como teta (sin leche). Amamantar durante un embarazo de gemelos.

No sé cuándo la gente nos empezó a preguntar si todavía estaba al pecho. Creo que nos lo empezamos a encontrar alrededor de los 6 meses. Os podéis imaginar las caras ahora, yo embarazada y la niña ya cercana a los dos años. En estos casos, nos encanta poder clarificar dos cosas: la primera, que esperamos gemelos. La segunda, que he estado 5 meses sin una gota de leche.

El primer trimestre, sin saber que esperábamos dos, y sin el objetivo de destetar, espaciamos las veces que pedía teta porque me daban unas náuseas terribles que a menudo terminaban en vómito. El dolor también estaba, pero las náuseas lo sobrepasaban de tal manera que casi lo hacían inexistente. Con una pena incomprendida por casi todos, llegamos a no hacer teta en 23 horas, la pequeña con 17 meses. Un buen día me dijo que ya no tenía leche. Hacía días que yo veía que salía poco más de unas gotas. Pero un día ya ni eso. Signó “Leche” y “¡No hay!”. Nos dijimos que aquello ya estaba.

Pero nada más lejos de la realidad: empezaron unas semanas muy duras. No quería comer nada, estaba enfadadísima todo el día y muy alterada, como abstinente. Lloraba inconsolablemente por la noche rato y rato y nada la calmaba. Mi pecho tampoco, claro. Cuando la cosa se tranquilizaba, yo estaba totalmente insomne. En cuanto a los lácteos lo probamos todo y nada le gustaba: leche 1, 2 y 3, leches de miles de cereales solos y combinados, leches con café descafeinado, que le gusta solo, y zumos con leche. Es más, cuando las abuelas intentaron darle alguna leche escondida, le daban ascos. Conseguimos con mucha pena, cuando ya bebía en vaso, que se acostumbrara a beber agua en biberón durante las noches y la tetina la entretenía un poco. En unos 10 días empezó a comer yogur natural y un poco más de queso. Y se fue calmando con mucha y mucha teta (sin leche). A mí me desaparecieron las náuseas. Una alegría, la verdad. A veces se volvía a enfadar y me decía, nuevamente signando, que no había. Yo le replicaba, que si no había leche, pues que no hiciera teta si no quería. Ella me abrazaba más fuerte.

Hace unos pocos días que se queja de que hay poca leche. ¡Esto significa que vuelve a haber! A mí me han vuelto las náuseas. Mucho más ligeras que durante el primer trimestre. Y alguna que otra contracción, a veces dolorosa. Pero muy poca cosa y cuando deja de mamar se detienen. Tengo el cuello uterino formato del todo, por lo tanto, parece que no le ha afectado mucho eso de amamantar.

Ella sabe tres cosas. Los bebés sólo comen teta: no comen chorizo ni jamón, ni mostaza ni fresas. Los bebés le traerán leche de nuevo. Y, desde que los pequeños que esperamos tienen nombre, ha visto que hay menos pechos que potenciales usuarios. Ha dejado de decir esta teta para los bebés y ésta para mí porque los números no salen.

En este tiempo, y después de saber que no hay que preocuparse por la producción para tres (¡Gracias Alba Padró!), hemos hecho los siguientes razonamientos: si no se desteta a las buenas, al menos disfrutemos este tiempo en que sigue siendo nuestra única princesa. No vamos a enfadarnos ahora cuando, además, nadie nos asegura que no quiera reengancharse cuando vea a los otros ejercer. También, a partir de un punto, si teníamos unos gemelos prematuros, qué mejor que una estimuladora natural. Además, después de todo el dolor e hinchazón que sufrí las primeras semanas de subida de leche con ella, qué mejor que tener una pequeña “extractora” de lo más efectiva para aliviar los síntomas de ingurgitación cuando lleguen.

No sabemos qué nos encontraremos cuando los pequeños salgan. Nos lo imaginamos duro y difícil. ¡Ya os lo explicaremos si nos quedan algo de tiempo y neuronas!

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